Por qué los casos de VIH aumentan en Brasil y caen en el mundo

Crítica, Panamá

05/09/2014

 

 

BBC Mundo

 

Artur Timerman sabe lo que es ver el sida de cerca. Como médico infectólogo en Sao Paulo, acompaña a cientos de pacientes con VIH, el virus causante de la enfermedad. Y admite que está “muy preocupado”.

 

“Los pacientes me dicen que la situación aquí en Brasil se está asemejando a aquella que se verificaba al inicio de la epidemia, que en los saunas gay ni saben con quién tienen relaciones sin preservativos”, cuenta. “Eso es día a día”.

 

Los datos más recientes respaldan la inquietud de este especialista del Hospital Edmundo Vasconcelos.

 

Las nuevas infecciones de VIH en Brasil aumentaron 11% entre 2005 y 2013, según estimaciones divulgadas el mes pasado por Onusida, la agencia de la ONU especializada en el tema.

 

Esto contrasta con la imagen que Brasil ganó como país ejemplar en la lucha contra el sida, y también choca con la tendencia global: los nuevos casos de VIH cayeron 27,5% en el mundo durante el mismo período.

 

También en América Latina las nuevas infecciones decrecieron 3%, con una caída bastante acentuada en algunos países. En México bajaron 39% y en Perú 26%.

 

“Brasil está a contramano de lo que se viene verificando en el mundo”, advierte Timerman. “Tenemos que entender por qué”.

 

“Segunda ola”

Según las cifras de Onusida, en Brasil viven unos 730.000 infectados con el VIH, lo que representa 45% de los casos de América Latina y 2% del total mundial.

 

Se calcula que sólo el año pasado hubo 44.000 nuevas infecciones en el país. Esta cifra equivale a la mitad de los nuevos casos estimados en 2013 en Estados Unidos, Canadá y Europa occidental y central, donde en conjunto la caída respecto a 2005 fue de 4%.

 

Fábio Mesquita, director del departamento que combate al sida en el Ministerio de Salud, cree que la reducción global de infecciones responde a los esfuerzos que en los últimos tiempos se volcaron en África subsahariana para contener una epidemia generalizada.

 

A su juicio, en otras partes con epidemias concentradas como Brasil el abordaje del problema entre 2005 y 2013 fue menos intenso que en los ochenta y noventa, cuando el sida surgía como una enfermedad temible y mortal.

 

 

“En cierta medida la epidemia se banalizó, dejó de ser una cosa amenazante por los propios avances de la ciencia, la tecnología y los tratamientos”, señala Mesquita a BBC Mundo.

 

“La generación más nueva no vivió ese momento. Entonces hoy tienes lo que consideramos una segunda ola de la epidemia en países (…) que la tienen concentrada”, agrega. “Y Brasil es parte de esa misma situación”.

 

Preservativos y medicamentos

Pero otros especialistas observan errores en la estrategia de Brasil contra el sida.

 

Una de las críticas más frecuentes es a la eliminación de campañas en escuelas y televisión para promover el uso de preservativos. Muchos atribuyen el cambio a presiones de las influyentes iglesias católica y evangélica.

 

“Esta cosa del gobierno de prohibir campañas en el área de la educación es un retroceso, una cosa absurda”, sostiene Euclides Ayres de Castilho, un médico experto en epidemiología que trabajó para Onusida.

 

A su juicio, el aumento de infecciones en Brasil es lógico no sólo por la falta de protección en relaciones sexuales sino también por el acceso universal a tratamientos médicos y la mayor esperanza de vida de los portadores.

 

Cerca de 350.000 infectados de VIH en el país recibieron tratamiento gratuito con antirretroviral hacia fines de 2013, una política de salud que ha sido señalada como referencia por la propia ONU.

 

No obstante, Timerman señala que casi la misma cantidad de brasileños con el virus también “deberían ser tratados y no lo son”.

 

Desde el Ministerio de Salud, Mesquita rebate las críticas. Dice que Brasil es uno de los primeros países en adoptar el tratamiento con antirretroviral para los portadores de VIH como mecanismo de prevención.

 

También señala que es la nación que compra y distribuye más preservativos al año (600 millones) y que recientemente hubo cambios estratégicos, por ejemplo, enfocando acciones hacia grupos que concentran la epidemia en vez de dirigirlas a la población en general.

 

Mesquita anticipa que el primer impacto de esos cambios se verá a fines de 2015 en las cifras de muertes relacionadas con el sida, que el año pasado llegaron a 16.000 según las estimaciones de la ONU.

 

“Está todo redireccionado para que en los próximos años tengamos un cambio en el perfil de la epidemia”, afirma.

 

Agrega que en Brasil faltan estudios epidemiológicos que permitan detectar con mayor precisión quiénes se están infectando y qué grupos deberían ser atendidos de forma más efectiva.

 

“Una de las mejores formas de prevención es tratar precozmente a la persona infectada”, indica.