30-Oct 03:06 pm|Mireya Tabuas

Gabriel Jiménez | Alexandra Blanco

“Gabriel Jiménez no tiene tarjeta de crédito, pasaporte, licencia de auto ni cuenta bancaria. Gabriel Jiménez no existe. Mi cédula, en la que sale mi foto como soy ahora, así, con barba, tiene un nombre que no me pertenece: Gabriela Josefina Jiménez. Así no me reconoce nadie, no me reconozco yo mismo. Para tener los documentos que me hagan ciudadano en este país debo cambiar mi nombre por el que me identifica: Gabriel José, sin embargo, no he podido hacerlo.

“A mí me enseñaron a ser legal y el tener que vivir ilegal sin haber hecho nada es injusto. No he podido conseguir un trabajo estable, eso me ha frenado las expectativas de vida. Incluso, para votar he tenido problemas porque no entienden cuando ven que el nombre de mi cédula es el de una mujer y yo soy un hombre.

“Tengo 47 años de edad y a los 5 me di cuenta de que no era igual a las otras niñas del colegio de monjas: a mí me gustaban las mujeres. Mis padres me llevaron a todos los psiquiatras del planeta, me dieron muchos antidepresivos. Me trataban como lesbiana, pero yo no era eso tampoco. Siempre me vestí muy masculino, me gustaban los juegos de varón, pero fui tardío en el amor: mi primer beso fue a los 19 años de edad con una mujer. Seguía escondido, casi ermitaño, mantuve una doble identidad, hasta que conocí a mi pareja actual.

Ya tengo 22 años viviendo con ella. Cuando la vi supe que era el amor de mi vida y cada día que pasa siento lo mismo por ella. Cuando mi padre supo de mi relación me quitó todo.

Éramos clase media alta y yo me quedé sin nada.

“En el año 2000 me di cuenta de que no me sentía bien conmigo mismo. Decidí comenzar mi cambio hormonal, me costó encontrar un endocrinólogo que me ayudara en el proceso pero lo logré. Se lo dije a mi mujer y ella aceptó. Estuve tres años en tratamiento para lograr el tránsito hormonal. Es un proceso difícil, doloroso, costoso, llegas a no reconocerte en el espejo, nadie hace algo como esto si no va más allá de sí mismo, si no está seguro.

“Nos sacaron de la casa en la que estábamos alquilados desde hace 15 años. El dueño no aceptó mi cambio. Nos quedamos en la calle. Aunque estudié para chef, tampoco he logrado trabajar en el área porque en los lugares en los que me contrataban debía hacerme un examen médico para el ingreso y no quería someterme a descubrir a extraños mi verdad. Ahora trabajo por mi cuenta como maestro de reiki.

“Nosotros somos una pareja estable y todo lo que tengo lo he puesto a nombre de mi señora. Nos planteamos tener un hijo por inseminación artificial. El obstáculo para lograr nuestros sueños es que yo no soy real. Gabriel Jiménez no existe”.

http://www.el-nacional.com/noticia/7429/23/Gabriel-Jim%C3%A9nez-no-existe.html